Yo no soy capaz de recordar la última vez que un Gran Premio de Italia celebrado en Monza se disputó sobre mojado. De hecho, estoy prácticamente convencido de que eso no ha sucedido al menos en los últimos 15 años. Este fin de semana, sin embargo, la cosa puede cambiar, por desgracia para los pilotos.
En un circuito donde trazar las chicanas y las pocas curvas es una cuestión de fe, por la configuración de mínimo agarre que tienen los monoplazas en esta rapidísima pista, un trazado mojado sería una auténtica pesadilla para toda la parrilla, por no mencionar la ya casi olvidada ausencia del control de tracción, que todas las escuderías parecen haber compensado de algún u otro modo.